Límites. Javier López Clemente, escritor.

Escrito por dondeleestu | Publicado el Martes, abril 9th, 2013 | No hay comentarios

El escritor Javier López Clemente explora las fronteras en este texto que zarandea y entreteje soledades. Escrito para la serie límites, bitografías de José Ramón Alba.

tras, de la serie límites. Bitografías de José Ramón Alba, 2013

La tristeza crece en este espacio de plumas. Nudo en llamas de una red que, en caso de existir, es un féretro disperso. No puedo dormir entre mazazos de dígitos rojos. Las puntas de mis dedos, más allá de avenidas, son periferia de un dolor lleno de voces y amperios. Las líneas del ferrocarril tejen costuras. El perro herido aúlla y, aunque la ausencia de luz no es el único elemento de estos 11 días sin dormir, mi cuerpo converge con el invierno en off de tu partida. Tejo una trama de nudos reducida a un punto único: la soledad.
Abro los ojos. No hay consuelo en 48 kilómetros alrededor de la curvatura de la córnea. El rastrojo gangrena la oscuridad y quiero huir sin saber muy bien ni ruta ni destino. Enciendo la bombilla incandescente de 40 vatios. Una salamandra se arrastra hasta el extremo de la cama donde dios no me espera. El extremo siempre es una muesca que guía el camino a recorrer, un punto que puede rebasarse y, de hecho, se rebasa como la línea del horizonte. El capricho de la luz trae colores de ladrillo y una montaña con praderas, ríos y el mar para zambullirse. Me tiendo de nuevo en la arena y espero a que la luz del faro tatúe tu ausencia de plata. Desde esta playa me fui una vez a la Luna y tampoco estabas allí. Las plantas de mis pies buscan el mundo sin hijos que dejo atrás, erial de piedras donde los espermatozoides, disueltos en polvo de lignito, sólo son la sombra de una carbonera en la que aprendí a esconderme del miedo. Recuerdo con claridad la decoración aséptica de un hospital especializado en masturbaciones clínicas dónde no se admitían tarjetas, sólo pago al contado y sueños rotos.
Me levanto hasta la altura de 2´22 metros de relámpagos inhabitables. Cruzo tus piernas de frontera y huyo entre redobles, mortajas y pasos invisibles. El ruido del ascensor anuncia el tiempo que va desde el garaje hasta los tejados en la hora del último esfuerzo.
El filo inverso de espejo, donde la imagen convexa es una categoría arbitraria, me susurra al oído que ese no soy yo. Es un símbolo divergente que antes fue tonada de luna y suelo pegajoso en una verbena de verano con pasodoble, twist y chachachá. El fruto final de una noche de alineación cósmica con pantalones arremangados alrededor de una hoguera y el último óvulo que mi madre guardó para quererme tanto.

¿Y ahora qué?

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 La foto que abre la entrada, es tras, de la serie límites. Bitografías de José Ramón Alba, 2013.

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