Ignífugo. Irene Cisneros Abellán, escritora

Escrito por dondeleestu | Publicado el Martes, abril 9th, 2013 | No hay comentarios

José Ramón Alba solicitó a cuatro escritores otros tantos textos para acompañar su obra; para luces, hurtos, límites y huidas. Éste es el relato de la escritora Irene Cisneros Abellán, correspondiente a la serie luces. Crepita el fuego en la chimenea, se desperezan los tomos en los estantes…

llama, de la serie luces. Bitografías de José Ramón Alba, 2013

No había quemado un solo libro en mi vida. Soy, o al menos fui, un hombre tranquilo y pacífico. El notario, un hombre decente y discreto, como debían de describirme las vecinas de escalera. Quizás después de lo ocurrido hayan cambiado de opinión. Dirán ante las cámaras que ya sabían que había algo raro en mí, el notario, siempre solo, sorteando cualquier intento de conversación en el rellano, amable pero esquivo. Escuchaba ópera alemana, añadirán, como si aquello revelase una naturaleza cruel y refinada. Por supuesto harán mención de mi último grito antes de que me metieran en el coche patrulla, ¡el mejor final de un libro es arder! Probablemente la policía ya les haya preguntado por mi biblioteca. Ellas habrán explicado que la mujer que limpiaba mi casa les habló una vez de ella, pero que nunca mencionó lo de las urnas. Eso fue porque la despedí antes. Hasta entonces, mi biblioteca sólo había albergado libros, libros únicos y desconocidos que había buscado y reunido durante años. Mi trabajo en la notaría no me dejaba mucho tiempo libre para leer, pero formé esa gigantesca colección con la esperanza de poder disfrutarla algún día, cuando tuviera tiempo.
Maldita la noche.
Por primera vez en veinte años tuve tiempo para recostarme en el sillón y ponerme a leer. Había escogido una novela corta, semiescondida en la esquina de uno de los estantes. Devoré las páginas a gran velocidad, atrapado por la sutil telaraña de intrigas policíacas tejidas en torno al misterioso asesinato de un escritor. Sucedió justo al llegar al final. Después de revelarse la identidad del asesino, al terminar el último párrafo en el que el detective hacía una breve reflexión sobre la pasión y la locura, el libro comenzó a quemarse. Lo solté con un grito. Abierto en el suelo, el libro comenzó a emanar un humo denso y gris que olía a cigarrillos y dejaba un regusto a whisky en la boca. Horror, pesar, fascinación… no recuerdo bien qué sentimiento me invadió mientras lo contemplaba arder hasta consumirse. De él no quedó nada más que ceniza.

Superado el estupor, la realidad cayó sobre mí con todo su peso. No has sido tú, fue lo primero que pensé. Tú no lo has quemado. Se ha prendido él solo. Llama a la policía, sabrán qué hacer. Tú no eres culpable, tiene que haber una explicación

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La foto que abre la entrada, es halo, de la serie luces. Bitografías de José Ramón Alba, 2013.

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