Paco Abril, especialista en Literatura Infantil y Juvenil, disecciona las lecturas de niños y jóvenes: las obligatorias y las transgresoras. El canon de lectura que los adultos eligen para los niños y jóvenes y la que ellos prefieren: una literatura que Abril denomina de la fuga. Una y otra cercadas, por el desconocimiento de los gustos e intereses de los que se pretende educar su gusto lector, y por el asedio de las industrias de la seducción, que limitan la libertad y el libre albedrío de los lectores. Transmisión sin imposición, esa es la tercera vía por la que apuesta Abril. Para que los niños salten, de manera natural, desde los cuentos escuchados a los cuentos leídos en soledad deseada.
Lecturas infantiles y juveniles, entre la pedagogía y la fuga
Lo primero que nos encontramos, y nos sorprende, cuando nos adentramos con actitud abierta a explorar la lectura de los niños y de los jóvenes, es que, esa siempre curiosa y rara actividad, podemos observarla en dos espacios opuestos, antagónicos e incompatibles; y con resultados, claro está, muy diferentes en ambos.
En uno se encuentran los libros que los adultos dictan que son buenos para leer, de la misma manera que determinan lo que es bueno para comer o establecen cómo se debe vestir. Quienes ejercen su dominio en este espacio se pueden llamar expertos, críticos, profesores, padres, políticos, mediadores o diseñadores de moda. Ellos fijan el canon, no siempre escrito y no siempre bien justificado, de las lecturas recomendables, esto es, las que para ellos son las buenas, las verdaderas, las provechosas, las fetén.
Es un espacio, por lo tanto, con fronteras definidas y, desde él, no se ve con buenos ojos a quienes las traspasan, sea en el leer, en el comer o en el vestir. Si ponemos en esa zona nuestra lupa de investigadores, hallaremos en ella las lecturas obligatorias y las largas y monótonas tareas escolares que los alumnos deben realizar a partir de ellas, encaminadas, en su mayoría, a pergeñar tediosas fichas que en nada contribuyen a potenciar el placer de leer. También aquí es donde proliferan los púlpitos desde los que se imparten los grandes sermones sobre las bondades de la lectura y los peligros de su carencia. Ese espacio está plagado de contradicciones. Por una parte, se diseñan innumerables campañas con intención de acercar a la letra escrita, pero a la vez, esos intentos nacen lastrados por su intencionalidad pedagógica, lo que producirá un efecto contrario al que se desea. Una maestra y escritora me contaba que en su colegio había una actividad semanal de animación a la lectura a la que los alumnos acudían entusiasmados. Al preguntarle a un niño que participaba en esa actividad si leía, le contestó: “En la animación a la lectura lo paso muy bien, pero leer… no leo porque es muy aburrido”.
Este artículo se puede leer íntegramente, en el Catálogo ¿Dónde lees tú? -18 de la muestra, en PDF.


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